POEMAS


Abrazo de los pueblos

Desando los caminos,
vuelvo por el cauce del río
a buscar la memoria
de tu nombre antiguo,
para unir paisajes
que asoman por el coplerío.
La musical chapaca
ternura tarijeña
baja cantando de las montañas
como una niña nueva
la fragante sinfonía
y procrea la vida.
El Guadalquivir me dice
de esa milenaria danza
que de las montañas baja
con el mensaje frutal de la raza.
Eras de plata, tierra dorada
alguna vez Argentina,
hoy de la hermana Bolivia
esta picante tierra de Tarija.
En tu escudo asoma el cielo,
pasan las estrellas
que van y vienen
de la misteriosa distancia
reflejándose en el mármol,
en las esbeltas cordilleras,
en los campos verdes,
en las aromadas praderas,
en el vino de tu valle,
por donde pasó el conquistador
con su laurel y sus hierros,
buscando el oro y la plata
que tu tierra guardaba
secretamente en tus entrañas.
Vuelvo Tarija,
siempre vuelvo
a percibir el canto de tus pájaros
a sentir los pasos
de la historia
junto al Moto Méndez
o a nuestro Martín Miguel de Güemes.
Por eso vuelvo siempre, Tarija.
Eduardo Ceballos. 

Asombro

¿Cómo hablarte para que entiendas,
qué palabras usar
para rozar tu interés ?
Te obsequiaré una canción
que nombre todos tus mares,
tus mapas, tus cielos, tu raza,
tu pueblo, tus ojos,
con lágrima nueva
de asombro
por donde sientas
todo el peso de la existencia,
gota que se mete,
arremolinándose
por el agujero más secreto de la vida.
 
Una flor de vivos colores
le pone fragancia a una porción de tiempo
tan breve como una sonrisa,
espejo y fuego,
agua plural y danza.
 
Una lluvia viene desde abajo,
desde adentro de mi mundo,
interior, solo y auténtico,
para repartirme con el viento
en un gesto de luz sideral
que viaja desde siempre
por aquí y por allá,
por todas las distancias.
 
Suelto mis vibrantes energías
para empujar los espacios
y movilizar los ángulos
de compartir con los pájaros y los ríos
este cauce de sangre junto a niños
que traen la memoria siempre incesante
de otros niños
en un interminable cadena de instantes
que de tan de uno,
se hacen multitudes
que van y vienen con la palabra
construyendo la historia
con la paloma y con el arte
que transporta el ser hacia otras dimensiones.
 
Tomo un vocablo encontrado
en el diccionario del tiempo,
descubro los golpes para cincelar
su sentido último y primero,
una palabra para silabear el silencio,
que baja misterioso por un río interno,
que mueve la sangre y emociona.
 
El agua desorienta,
sube en el sur, en el norte baja
como un mandato sublime
de la física mundana.

Vuelvo a tu instante,
punto del ahora permanente,
para cantarte con el sol a cuestas
mirarte para adentro
con el corazón que grita
retumbo hueco, mensaje nuevo
que trae tu geografía, tan primavera,
que llena la tierra de semillas.
Eduardo Ceballos.

Cafayate canto

Abandono el trabajo ciudadano
y empiezo a recorrer los antiguos caminos del Valle de Lerma,
para buscar el oxígeno, el sol,
el paraíso donde vive la arena,
el canto y el vino, sabedor de abuelos y de coplas.
Dejo las pequeñas frustradas lágrimas ciudadanas
en una casa cualquiera de la ciudad de Salta,
y emprendo como un pájaro alucinado un vuelo
hacia el corazón sonoro de esta América que canta.
Surco pueblo, ríos, acequias, árboles
que me saludan con sus verdes y frescos brazos,
siento que una música de ancestros le crece desde su tallo,
El viento me lleva y voy envuelto en la emoción de siempre.
Surco pueblos y soy testigo de este abrazo
de valles y de ríos que bajan con sus aguas,
y la tonada exacta del coplerío,
los colores y las formas se parecen a la música.
Veo las casas de los loros que ponen verde el horizonte,
un obelisco salteño, vallisto,
un sapo mitológico sabedor de la vida,
Castillos donde viven la arena y los vientos,
Ventanas por donde mira el emocionado hombre,
el paisaje donde ruge un bravío calchaquí,
con melena de oro, que pasa alegre y orgulloso,
alimentando la algarroba y el maíz.
Su tesoro una chicha maíz,
aloja fermentada de la fiesta
cruzan los valles de la gente.
Que retumbe en los valles
El eco de los tiempos.
Eduardo Ceballos. 

Coplas

En el color de la uva,
vive una niña tierna
que juega en sus acequias
la ronda de luna llena.
 
En el canto de los pueblos
Hay un rumor de tiempos
que se descuelga despacio
para llenar nuestro suelo.
 
Un sueño de cielo largo
de sabor cafayateño
ya me espera en el vino
con un fruto guitarrero.
 
Con carnaval y con cajas
sale el diablo a cantar
y se queda en Cafayate
para el tiempo de chayar.
 
En la parra de los valles
hay un algo que le anda
alimenta su fuerte tallo
y tiene el color del agua.
 
Alegrate Cafayate
corazón del calchaquí,
dejame que yo te cante
con mis paisanos aquí.
 
Cafayateño de piel oscura
sabedor de sol y arena
yo te descubro en las uvas
el corazón serenatero.
 
La coca, el pan verde,
No se mastica, compañero.
Hay que dejarla se quede
a que borre nuestro sueño
para poder vivir despiertos
estos tiempos cancioneros.
Eduardo Ceballos. 

Es primavera

 
Volvió la flor.
El verde se instala en el árbol
con su fragancia nueva.
 
Es primavera,
la luz abarca el paisaje
con maestría antigua.
 
Cierro los ojos, abro la inteligencia
y percibo el trabajo de la semilla,
dialoga con la tierra,
como si se conocieran desde siempre.
 
El tiempo con manos mágicas
mezcla químicas, historias
construyendo esta realidad frutal
donde convergen todas las partículas.
 
Es primavera, todo se emparenta.
 
Un milagro de sol viaja con los pájaros
por el alto océano del espacio,
un canto trigo de luna nueva
danza con el río, que vive la fiesta.
 
Con la alcancía de mis ojos,
pinto sueños que asoman los paisajes,
que bebe de un sorbo el caballo salvaje.
 
Bajo a tientas por el árbol,
mientras su cauce sube
con la líquida carga que viene de la tierra,
produciendo el fruto del sabor justo.
 
Es primavera también en el río de mi sangre.
 
Como una afinada sinfónica
los sentidos ponen la música
que se reparte en sonrisas por el aire.
 
La vida recupera su plenitud,
enérgica alegría la invade.
 
La poesía está de primavera,
o la primavera se viste de poesía,
efímeras, fugaces,
por allí pasa la riqueza,
fugaces son los años,
los pájaros, la rosa, el verano.
 
Miro el mundo circundante,
me descubro conectado
con todo el paisaje,
lujuria de este tiempo.

Es primavera.
Eduardo Ceballos. 

Eterno viaje

Una substancia, base del ser,
mueve y vincula,
maneja tiempos y nostalgias.
 
Un viaje para adentro,
donde está la sangre caminando
la anatomía humana,
descubre músculos, voluntad movida,
en un ademán de inteligencia natural.
 
La carne se apoya en el esqueleto,
estantería de huesos que sostiene la vida,
sintetiza historias de siglos,
con abuelos, con amor, con razas viajeras...
 
Una búsqueda en cada tramo,
con distintos ingredientes químicos,
traen la memoria de la tierra y de los astros.
Geométricas figuras de la vida
ponen formas y espejos a la existencia,
donde asoman los gestos de la materia,
alquimista enigmática
que todo lo transforma.
 
Por el ojo se ama,
por el corazón sube la música
que adentro marca los ritmos.
 
Todo es tierra en esta frágil estructura,
pequeña y asombrosa maquinaria
envuelve la vida y la llena de color.
 
Allí amanecen temprano los afectos, el amor,
y el cerebro suelta palabras,
nombrando el maravilloso mundo circundante,
por donde pasan sus vacas,
y los niños juegan a la guerra
que hombres grandes con maldad tremenda
fabrican muerte ante tanta vida.
 
Lo humano nace, crece y muere,
una constante precisa
que maneja el reloj
de los límites y las ideas.
 
El cauce de lo vivo
riega la flora verde de árboles,
fecunda en flores, colores naturales,
alimenta con la canción de siempre
la fauna que recorre la alfombra de la vida.
 
Ayer ví un caballo muerto
en la soledad de un campo,
cuando pasaba con mi paso obligado.
Festín de depredadores,
luego los insectos,
hasta comprobar que el cadáver
viaja de vuelta a la tierra
entregando su substancia.
Lo que vive vuelve,
eterno viaje.
El hombre entrega su carga,
su carne,
para que el desfile natural
siga pasando.
Eduardo Ceballos. 

Frutos de la Memoria

No me olvides

 

¿Por qué me olvidas?

¿No te das cuenta

que sin tí no sé vivir?

Lo que junta el amor

es difícil separar.

Por eso te pido amor,

no me olvides.

 

 

El que toca se llama Germán

 

Desde las alturas bajan claras

voces y guitarras

que como el agua

dibujan geografías.

 

En el justo rincón de la nostalgia

nombramos a Germán

y levantamos este altar del canto

en tu corazón de pueblo

que vive emocionado

de recibir pañuelos y afectos.

 

 

Las tinajas de Dionisio Díaz

 

Eran hombres de buscar en la arcilla

ingredientes de la vida y de la muerte.

el camino fue perforando

el vientre de la tierra.

 

Viejo maestro de pueblo

historia de barro y sol

de tanto amasar la tierra

las coplas se hacen canción.

 

 

Corazón pa’ Favaloro

 

Hay historias de entrega,

de seres que dan más allá de la vida,

siembran su semilla

con abnegación y fe,

con todo el saber,

que la ciencia otorga.

 

Más se cotiza saber

que la brillantez del oro

es hora de devolver

corazón pa´ Favaloro.

 

 

Madre de mi madre

 

Es como la arcilla pura

que protege la semilla del pan,

es como un ruido de fiesta

tu transparencia carnal.

Es muy sencillo y simple

el afecto que das,

la más hermosa forma de felicidad,

tejiendo recuerdos

de los tiempos de la infancia.

Te veo amasando el pan

con la harina del trabajo

con lágrimas y sudores,

madre de mi madre.

 

 

Por ser cantor

 

Me brota un grillo de zamba

desde el rincón de la nostalgia

en la noche azul de mi provincia

cuando se entreveran las guitarras.

 

El diapasón musical de mi alma

madruga alegre en la cacharpaya

y enarbola esta danza

en el rincón de la esperanza.

 

Tu mirada triste parece explicar

aquella historia tan musical.

 

 

Vinos del Palo Domingo

 

La uva es como un viento,

de a ratos gritos,

de a ratos silencio.

Seguimos buscando

en ese nostálgico

oscuro corazón mineral

la mano del sol

no tiene distancia

y hace sentir su sensual calor

para construir este paisaje

tan trino, tan sol, tan aire

tan Cafayate.

 

 

changuito no te entregues

 

Quisiera darte toda la calidez

de mi amistad,

enseñarte a pintar

lo que miras

con tus ojos inexpertos.

 

Las tentaciones son muchas

muy flaca la voluntad

cuando no se diferencia

la gracia de la maldad.

Pal Gringo Gauna

 

Desde el misterio del agua

sube un niño corazón de carne

para alegrar en la tarde

el sereno canto de lo vivo.

 

En el viento de los sueños

flor temprana de la infancia

su color, su ternura, su fragancia

se ha quedado en ti,

Gringo Gauna, a pesar de la distancia.

 

 

Te mintió el amor

 

Multitudes de emociones rotas,

es lo que pinta el bandoneón

cuando solloza,

en los temas del amor.

 

Que en un fracaso no marchite,

es necesario medites:

son las caras del amor,

noble, puro corazón.

 

 

Las manos de don Juan Riera

 

Es general

del bien y de la paz,

con sus soldados,

por el hombre trabajaron

inventando para todos

una mesa repleta de pan,

sencillamente pan.

 

Oficios que dignifican

rubias espigas de pan,

palomas de libertad,

en el pan de la humildad.

 

 

Tucumán, viento y sol

 

Tucumán viento frutal

viene del cañaveral

la fragancia de tu suelo,

y la sal de tus abuelos.

 

Quiero embriagarte de cantos,

acentos dulces y nuevos,

contagiarme de tu encanto

para decírselo a mi pueblo.

 

 

Gatito mendocino

 

Decir país

es asomar por el paisaje,

radiante de sol.

Decir país

es trepar por la historia

traficada por la sangre

de todas las memorias.

Decir país

es evocar el canto

que nos enseñaron los abuelos.

 

 

Padre chacarera

 

El hombre de tierra adentro

es silencio que camina

pulsando su propio encuentro

siempre lo topa la vida.

 

El cielo tiene ventanas

por donde el sol nos despierta,

dejamos la puerta abierta

por la amistad mañanera

y un ritmo de chacarera

pone el alma de fiesta.

 

En la Banda, una casa

cuando suena chacarera

ya se vuelve salamanca

por ser la casa paterna.

 

 

Que no se calle el cantor

 

Vuelvo a los valles del vino

con la alegría y el corazón niño

a descubrir la semilla del canto

que baja por los ríos

con acento americano.

 

Vuelvo a la tierra

donde vive la memoria de la raza.

Vuelvo siempre vuelvo

A llenar de júbilo los ojos

con las manos artesanas

que amasan ternura

en el barro del origen.

 

 

Dos pájaros en vuelo

 

Ayer hice el camino sin retorno,

ayer nomás en el último tramo

dejamos la emoción y el asombro

en el gastado camino del canto.

 

Ahora vuelvo a compartir la fiesta

la alegría multiplicada de tonadas,

a cantar con el pueblo

el pulsudo ritmo de lo nuestro.

Eduardo Ceballos. 

Memoria del origen

Vuelvo con la memoria al origen,
al primer momento
cuando el jugo del asombro
dibujaba mi ser
en esa alquimia jubilosa
por donde va la vida
construyéndose.

Desde ese silencio de milagro
viene dando vueltas este mundo mío,
que me pertenece,
que viaja conmigo por el tiempo
y me vincula con todos los espacios.

Desde esa intimidad
salgo a visitar el cosmos
donde viven los hombres
con sus urgencias.

En el esqueleto
fueron creciendo las palabras
y el mensaje cruza los océanos,
se mete en las casas
donde otros hombres
trabajan por sus causas.

Una poesía de imágenes
crea los paisajes,
por donde pasa el poeta
con sus emociones nuevas
moviendo inteligencia y sensibilidad
para retornar a la memoria del origen.
Eduardo Ceballos. 

Paisaje

De pronto el milagro de un desierto,
arena que baila con el viento.
las dunas donde el amor
juega su sueño erótico,
muestran su cintura,
la luna con Calchaquí ternura
sirve de testigo a ese idilio.
Toneles y álamos reciben al viajero
en el oasis del sol, del vino y los amigos.
Desde la parra crece memoria del tiempo
que el vino vuelve a dibujar en las cajas
un carnaval de antaño con albahaca.
Los cafayanes vivían con su pachamama
escondidos en su paisaje.
Hoy, la suma de las razas
con su sangre natural que canta.
Las comadres han poblado de telares el terruño,
el sol vive y reina entre las parras,
calchaquí es el acento del ají.
En la cocina vive la sabiduría ancestral
de ponerle gusto a las comidas.
En Cafayate sucede la alegría serenatera
Y el perfume de una rosa niña,
esperanza que alegre sube
y vive con el ritmo antiguo de una zamba.
Eduardo Ceballos. 

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