Trío Azul – Libro, 2017

Introducción

Bella la tarea que me encomendó el querido amigo Lalo González, director del romántico Trío Azul. Para ello me acercó un testimonial ‘Libro de Actas’, que fue recogiendo palabras y sentires de muchas personas desde hace muchos años. También me entregó una gran cantidad de recortes de diarios, de distintas épocas que fueron testimoniando su paso por la canción y por la vida. Recurrimos por otro lado a lo publicado por la revista salteña coleccionable ‘La Gauchita’, por ser otra importante fuente que cuenta del largo transitar de este Trío Azul, que representa a Paraguay, su tierra natal, y Salta, Argentina, lugar de residencia y desde donde sale de gira para llevar el cancionero latinoamericano que siempre lo acompaña.

Un gusto poder servir de nexo, entre los lectores y la historia del Trío Azul, extensa y generosa. Estas páginas me devuelven el ayer pletórico de bohemia y de canciones. Caminamos los mismos tiempos y compartimos los mismos amigos. Este trabajo del ayer se hace presente en mi memoria. Disfruto cada recuerdo y percibo que cada lector también disfrutará revivir aquellos bellos momentos.

El mundo que siempre gira velozmente sobre su eje fue cambiando los pueblos, las ciudades y los hombres. Las costumbres pasan como la vida y surgen como pinturas las imágenes del ayer hechas recuerdos.

Entre los testimonios están los afectos, el arte; gente que aún nos acompaña y otros seres que ya pasaron; a través de este trabajo vamos a resucitar a los amigos que ya no están.

Cada palabra recogida cuenta de la admiración por el Trío Azul y especialmente para su director el valorado Lalo González. Son sonidos gráficos escritos con la sangre, que le ganaron al olvido. Para Lalo González es un certificado de buena conducta, de buena persona, de ser sensible y afectuoso. Si todos los hombres tendríamos la constancia de sumar testimonios, contaríamos con la historia personal de cada uno. Un milagro haber pedido un poquito de tiempo a los amigos, envuelto en palabras, que reflejan el momento justo. Cada palabra funciona como semilla, que produce árboles en la memoria, con frutos sustanciosos con sabores y alegrías.

Ya ha pasado más de medio siglo y el Trío Azul sigue cantando con la fresca alegría renovada. Pasaron integrantes que aportaron su talento a esta historia que nos ocupa. Son los sobrevivientes del ayer y los representantes de los amigos que se fueron.

Despacito se irá deshojando esta historia, mientras avance la lectura. Si usted estuvo cerca de Lalo González y su Trío Azul, si compartió algunos momentos se sorprenderá gratamente cuando se encuentre en sus páginas. Si los parientes que ya no están, pero usted sabe que eran amigos del Trío Azul, seguramente los encontrará regresando de la muerte para quedarse vivo en el recuerdo.

Es fantástico el mundo de las ideas, aglomeran paisajes, situaciones y vuelven en forma mágica. Gracias por delegarme la tarea de transportista de tantas emociones, de poder revivir con tu historia, tramos de mi existencia. Gracias por ser de aquí y de allá, como decía el poeta Hugo Alarcón, con quien compartimos las mesas y las canciones. Este trabajo será internacional como Lalo, unirá los sueños y los amigos de Paraguay y de Argentina, porque allí están los guaraníes y los gauchos levantando la bandera de la confraternidad.

Cuántas guitarras, canciones, escenarios, amigos se convocan en el recuerdo. Bueno que Lalo González haya crecido en la osadía de mostrar su mundo compartido con miles de seres, que fueron armando un collar en la memoria.

El tiempo es un escultor que moldea en la carne de los hombres, el rigor del asoma y les cambia los colores, pero lo que perdura en estas páginas lo muestra jovial y eterno. En el barro de la sangre prosperan los hijos, como brotes nuevos para subirse al imaginario colectivo de la vida y llevar a sus hijos en un interminable desfile donde vive el amor y la inocente alegría de los nietos.

Todo es suma, un modo de acompañar su intimidad solitaria, para no quedarse con las manos vacías. La soledad se rompe con el recuerdo de tiempos felices. Gracias Lalo por hacerme cómplice de tu aventura y permitirme entrar a la casa de todos los amigos, a prender el ‘brasero’ donde se saborean los emotivos encuentros del ayer, de hoy y de siempre.

Que la vida te conceda la alegría de seguir construyendo la casa grande de los románticos, de la ternura y tu canción sea la herramienta exacta para sacar las malezas de las almas y para que florezcan fragantes flores nuevas, que dibujen sonrisas.

Gracias Lalo González a ti, a tu familia y a tu histórico Trío Azul, por la presencia, por la canción, por la amistad, por tu hidalguía, por todo lo que recogiste y por todo lo que das en forma permanente

Eduardo Ceballos.

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