Notas en Diario el Tribuno y otros recuerdos

Prólogo

El recolector de sueños La poesía es una forma sublime de la búsqueda del saber. La raíz etimológica del término nos remonta a la antigua Grecia, donde se la entendía como “creación”. O también como “impulso creador”, como “arsis”.Fuera de la academia, podría decirse que la poesía atraviesa de alguna manera todas las formas de expresión, cuando quien escribe, pinta, canta y, también, quien decora un ambiente, hace una crónica periodística, o un libro de historia le deja un espacio.La poesía y el arte son absolutamente democráticas, porque están en el corazón de la humanidad. Un profesor salteño, Ricardo Martín Crosa, sacerdote, filósofo y poeta, enseñaba que el arte de las Cuevas de Altamira era arte en el mismo sentido que las obras de la Capilla Sixtina. Unas y otras eran las expresiones del genio humano.Homero es uno de los más grandes poetas de la historia. Su obra, que es la expresión de la experiencia helénica de su tiempo y la mitología que allí se manifiesta es la base de la filosofía, el arte y el derecho fundacionales de la Cultura Mediterránea.Ese impulso poético recorre con mayor o menor gloria a todos los pueblos del mundo, que sin excepción necesitan construir y manifestar su experiencia en el tiempo y en el espacio.La poesía no es propiedad de los poetas, sino de los pueblos.Salta se siente, legítimamente, tierra de poetas. Y son centenares los que incursionan en esa experiencia, muchas veces, en la intimidad de su casa, sin soñar con otra cosa que expresarse.Eduardo Ceballos lleva cinco décadas recopilando sueños, sentimientos, ilusiones, mitos y tradiciones de Salta. Amigo de muchos, admirador de muchos. Sin pretensiones metafísicas y con una fuerte vocación por el decir y el compartir, su vocación se manifiesta en una poesía bien salteña, impregnada de paisajes y de sentimientos íntimos de la patria chica. Pero también aparece en los 22 libros que anteceden a este que hoy acompañamos. Todos los recuerdos personales y las observaciones del “Gringo de mil caminos” rezuman la esencia de Salta. En ese contexto, las efemérides cuidadosas de su autoría cobran una dimensión diferente; son como un homenaje simple y sentido a la memoria de la Patria chica.Claro, nadie puede hablar de la obra de Eduardo Ceballos sin destacar el lugar que su revista La Gauchita ocupa en nuestra cultura.En este libro aparecen las columnas que el autor publicó en El Tribuno, junto con otros artículos que abrevan del mismo espíritu. Cuando escribe, Ceballos dice lo que siente, intenta una lectura poética del diario de cada día y parece tender su abrazo al prójimo sorteando grietas y desesperanzas.Probablemente, Eduardo Ceballos se ruborice de que el prólogo de un libro suyo evoque a Homero. El gran poeta griego es un paradigma inigualable, es un maestro universal. Y un maestro que enseña a pensar, sentir y contar la experiencia de la propia aldea. Pero en cada escrito, Eduardo muestra ese sueño. Y lo hace con la sencillez de Manuel Machado, quien escribió:
“Procura tú que tus coplas/ vayan al pueblo a parar,/aunque dejen de ser tuyas/ para ser de los demás”.
“Que, al fundir el corazón/en el alma popular,/ lo que se pierde de nombre/ se gana de eternidad”.

 Francisco Sotelo
Periodista Diario El Tribuno

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