Los Juegos de la Infancia – Testimonios, 2013

Prólogo

El sueño del abuelo nos traslada a nuestras infancias y vernos niños otra vez. No intenta este escrito la traducción exacta del mismo, sino recoger lo que a los juegos se remite con más o menos acierto por parte de quien dedicó un indiscutible tiempo a recopilar, analizar e investigar los mismos con la muy poca información que hay disponible sobre el tema, excepto la memoria.

Por tanto se puede decir que esta obra representa una libre interpretación de los juegos de las décadas del 30 al 60. Es por esta razón que, Eduardo Ceballos sólo esté interesado en los juegos de los niños. Lo que si puedo asegurar que es un buen relato de la historia de los juegos de los que hoy somos abuelos y padres. Una valiosa fuente de información de los juegos del pasado. Resulta que estos juegos pueden verse como reflejo de la vida misma y requieren las mismas habilidades para ganarlos que las que necesitamos para sobrevivir.

Cuando se me propuso la idea realizar el prólogo de este libro me descubrí halagado de una magnitud muy especial pues, era un desafío para alguien que no está en el ambiente de las letras, me sentí muy atraído con la idea. Este proyecto me sumergió en el mundo de los juegos de todos los tiempos que me permitió escarbar en mi memoria, juegos que ya se habían presentado en mi vida. Me volvió al circo que transité desde que nací y me depositó en el barrio El Pilar con mis amigos, la escuela, los almacenes, a Don Ibáñez el carpintero creador de cuantos juguetes necesitábamos y los depósitos del ferrocarril que nos proveía un sinfín de piezas de repuestos de trenes que el ingenio transformaba en un juguete, con el que “moneábamos” por tener algo único y exclusivo.

La diversidad que hallé en este libro, no se limita a cuestiones culturales o históricas, si no incluye una enorme variedad de recursos de ingenio de nuestras infancias, donde no teníamos a nuestro alcance más que lo cotidiano y nuestros juegos están ligados a la naturaleza. Jugábamos con lo que teníamos en casa o lo que encontrábamos en los baldíos vecinos: piedra, palo, hueso todo servía, ya que no había ni existía el plástico, a lo sumo conocíamos el carey (Córnea de tortuga hoy desaparecido). Juegos de palabras, estructuras, emociones, entre muchos otros elementos que me han maravillado. Es por ello que cada juego ha sido conservado en la versión en que la vivimos. Los pudientes tenían juguetes comprados, nosotros el ingenio, no abríamos paquete para verlo lo imaginábamos para verlo nacer.

El orden en el cual se han organizado los juegos en el relato sigue un simple esquema cronológico con el fin de hacer un pasaje por la historia a través de la belleza de la vida misma de cualquier familia salteña.

Espero que disfruten la lectura tanto como yo, que los niños y los jóvenes vean que no necesitábamos ni de dinero para divertirnos y muy pocos eran los juegos “solitarios” que sólo servían cuando nos castigaban y no nos dejaban salir o en la noche cuando no teníamos sueño.

Tengo el enorme agrado de presentar esta obra maestra, cuyo autor no sólo es poeta y periodista conocido, sino es el amigo de toda una etapa de mi vida artística. Si bien aprecio todos los trabajos realizados por este excelente escritor, considero importante confesar mi preferencia por esta última creación. A continuación explicaré por qué. Si bien sus trabajos anteriores se caracterizan por su realismo y brillante redacción, y vivencias propias, esta obra se le suma un exquisito trabajo periodístico, donde queda expuesto la dedicación en la exhaustiva investigación que se ha realizado. Es notable la sencillez con la que se explican acontecimientos muy complejos vividos con personajes que supimos conocer, que nos permiten a los lectores sin conocimientos específicos de la vivencia de un barrio y comprender sin mayores dificultades el tópico elegido.

Esta es una obra que pueden disfrutar grandes y chicos, incluso una buena excusa para crear un vínculo de abuelos y nietos. Confío que este libro pasará a ser un recurso que habla de la historia de los juegos de una época de Salta, es un buen material lleno de nostalgias. Esto se debe a la riqueza tanto en información que se nos brinda, como en el plano artístico que nos ofrece este artista, que nos hace ver cuanto arrasó el progreso y la tecnología la vida de la niñez que hoy juegan solos.., aislados y abandonados, condenados a un aparato creyendo estar con todo el mundo cuando en realidad están más vacíos que nunca. El único lugar que comparten con sus semejantes es en la escuela donde a pesar de estar rodeados de pares, el aparato puede más con su soledad. Que triste es saber que no puedo brindarle a mi nieto el mundo de juego en que viví con aquellos valores que los juegos me formaron, valores morales, espíritu d e superación, compañerismo, alegría, responsabilidad, perseverancia, respeto de las normas, dominio de sí mismo, espíritu deportivo, iniciativa, habilidad (valores físicos), habilidad (destreza – manual, visual, física, etc.) reflejos, rapidez, fuerza, resistencia, equilibrio, atención, memoria, inteligencia, imaginación, observación y creatividad, pienso…, ¿Cuántas de estas cosas desarrollan los niños hoy en su computadora?

Agradezco el espacio para compartir con los lectores los sentimientos que me generó esta obra y felicitar a Eduardo Ceballos por su excelente trabajo. Gracias por volverme a la infancia y saber que soy lo que soy, por la niñez que tuve: Aprendiendo desde un juego a ser hombre.

Rodolfo Aredes.

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